La película muestra el comienzo y el desarrollo de un viaje que emprenden padre e hija al pequeño pueblo en el que vivieron muchos años, que, desde que se mudaron a la ciudad no visitan. El Paují es un pueblito de La Gran Sabana, al que para llegar son necesarios unos dos días de viaje por carretera, que está ubicado en medio de la selva amazónica, allá donde nuestros árboles se funden con los de Brasil.
Rudy y Amanda siempre han vivido juntos, pero de alguna manera se encuentran alejados, les falta tiempo para estar solos, para hablar; y en esta huida se volverán a conocer, aprenderán el uno del otro partiendo de nuevo por el camino que años atrás muchas veces hicieron. Buscan evadirse del trajín del lugar en que viven actualmente y comienzan el recorrido, anhelando volver a escuchar aquel silencio. Con las mochilas al hombro emprenden una marcha pesada, buscando atenuar la turbulencia de una ciudad que se vuelve cada vez más irreal. Parten, para conseguir a los viejos amigos y caminar por los lugares que recuerdan; pero ante todo buscan reencontrarse con lo natural que formó parte de ellos por mucho tiempo, que aman y extrañan.
A medida que pasan los días, conocemos con los personajes los sitios que les fueron tan familiares en un momento, pero que ahora perciben con una nueva mirada, como tratando de grabar todo en sus memorias para disfrutar siempre de la energía de allá. Los vemos identificados con el entorno, vemos sus días aislados y tranquilos y sus conversaciones sobre lo que recuerdan, sobre sus vidas, su nostalgia y sus cambios. Los personajes están tras una búsqueda del sentido propio; a través de ellos, comenzamos a conocer a la gente del sitio, sus realidades y rutinas tan distintas. Al mismo tiempo, los personajes empiezan a conocerse más a ellos mismos, valorando la relación que tienen, mientras sienten y viven lo que se convertirá en una experiencia unificadora. Las situaciones son muy espontáneas, se les ve en su cotidianidad y se demuestra la unión que mantienen con el lugar; conocemos sus personalidades, y poco a poco, la estancia allá les revelará temas aun desconocidos para ellos.
Después de un tiempo de compartir con la gente, con su pueblo y con ellos mismos, padre e hija deben volver a la ciudad, realidad a la que pertenecen por ahora. Llenos de nostalgia, los momentos que pasaron parecen ahora cada vez más irreales. De regreso a la normalidad, se alejan y un velo de espesa niebla parece aislar la magia de ese particular rincón, como si lo vivido solo se pueda explicar sintiendo el sol y respirando el aire de allá. Las ruedas los llevan lejos con un nuevo aprendizaje, un aprendizaje que recibieron de la selva, una serenidad que les prepara para afrontar de nuevo el caos. Los vemos cargados de energía y paz, pero sentimentales porque el tiempo allá quizás fue muy corto para entender y aprovechar todo.
Rudy y Amanda nos muestran con su viaje de regreso su relación como familia, y sus lazos con este mágico lugar que nos atrapa; igualmente nos sentimos tan identificados como ellos al descubrir el amor que mantienen aun a lo natural, y el aislamiento extremo entre nosotros mismos que nos ha causado la sociedad industrializada.