El hermoso paraíso que está en mis recuerdos de niña, ya no existe allí. Las cosas cambian, lo único constante es el cambio y me da miedo pensar en idealizar a El Paují como si allá no hubiera ningún tipo de problemas, y sé que si los hay. Estoy un poco preocupada que mi imagen que tengo del pueblo no la halle en lo que llegue, que empiece a ver las cosas distintas a cuando era niña, porque distintas son. Ahí es cuando la sinopsis y el guión y tanto pensamiento se volatilizan; porque aquí en la ciudad es verdad, hay una cruda realidad, pero allá ¿qué? Los problemas están en todas partes y no todo es perfecto, ni siquiera en El Paují. NO PUEDO TENER ABSOLUTA CERTEZA DE LO QUE VA A PASAR. Quizás mi documental termina siendo “la problemática de los niños pobres y sin alimento del pueblo” o “la deforestación por parte de los indígenas en El Paují”. Sí, se ve la luna, y aquí uno ni sabe si está en menguante, en creciente o llena. Hay paisajes magníficos, ríos y animalitos. Pero tampoco es que todo es bello, bonito ni barato.
¿Qué hago? ¿Cambio por completo la idea que tengo? ¿O simplemente espero a ver que pasa? Estuve hablando con mi papá y me dijo que la sinopsis y el guión que entregue no van a tener NADA que ver con el trabajo final que grabe allá. Me explicó (o más bien, recordó) que no debería ver a El Paují tan perfecto, ya que la perfección no existe. Que debo más bien jugar con las dos realidades: la que está en mi memoria y la que está allá-ahora. Y bueno, eso me desmotivó un poco por cierto y aquí ando en un dilema personal. Lo que tengo son recuerdos de mi infancia perfecta, pero sólo son recuerdos y quizás solo existen en mi mente.
Creo que solo me queda esperar el momento de estar allá, dentro de todo, El Paují significa mucho para mí y el volver seguro traerá sensaciones emocionantes.
Debo confesar que tengo miedo. Porque lo que quede grabado es, ya que no voy a volver a grabar. Porque por ahora voy sola. Porque no tengo control de nada.
¡Pero adelante! ¡Es mi reto! Tampoco quiero ser pesimista.