Ordenando ando, aclarando algunas cosas. Esto es muy general, pienso basarme en la búsqueda mía y de mi padre de “el llamado de la selva”. Organicé algo así:
1. El viaje después de varios años (2 para mí y 4 para mi papá) de regreso al pueblo. El viaje desde Mérida dura 2 días completos. Nos iríamos primero a Caracas, y de allí a Santa Elena de Uairén (24 horas de viaje). Después, de Sta. Elena, se agarra un jeep a El Paují, 2 horas más. En esta parte, me gustaría mostrar cosas bien puntuales, que cuenten el por qué estamos viajando. Quizás conversaciones entre mi padre y yo, referentes a la vuelta, o al pueblo como tal; preguntarle cómo fue su primer viaje a El Paují, qué sintió al ver los primeros tepuyes. Alguna anécdota de ese mismo viaje que hicimos tantas veces. Alguna historia de mi niñez. Dar también a entender que es un viaje largo y cansón. Claro, que será breve, como para dar una introducción y de plano, que se entienda que estamos regresando a un lugar.
2. La llegada al pueblo. Pienso en este momento, como algo breve también. Hay una montañita antes de llegar al pueblo. En su cima, uno ve todo el pueblo, y particularmente a mí, me produce una sensación de que allí estoy, en mi casa. Se puede abarcar todo con una mirada, como mi tierra. Quiero esta secuencia, para mostrar el término del camino: llegar al centro del pueblo, bajar los morrales, ver rápidamente el sitio, luego ver el lugar en que nos quedaremos (por ahora casa de una amiga de mi papá). Descanso, fin del viaje (o comienzo, mejor dicho)
3. Ajá aquí viene la búsqueda. Con esto me pasa algo bien particular, ya que es el centro del documental y yo no lo tengo muy claro en imágenes. La búsqueda se basa en conocer, a través de algunos personajes, cómo es la vida allá. Ver la vida de los pemones, su faena diaria, sus niños jugando, bañándose en ríos, ver sus distracciones. Y también, ver la vida de los citadinos que se han mudado. Observar cómo viven, por qué viven allí, que sienten en ese sitio. Principalmente, qué buscaban al irse de la ciudad, qué les transmite estar en permanente contacto con la naturaleza y con el silencio. Escuchar testimonios del por qué se fueron, tal vez en un desayuno hablar con esta gente y que me cuenten una historia, una anécdota. En este documental quiero ver también con planos muy observadores, la tranquilidad, la belleza y la armonía del lugar, que el espectador sienta esa energía mística, pura, como del comienzo. Observar la libertad. Tal vez, usar la comparación de infierno y de paraíso con estas dos realidades (la industrializada y aquélla). En montaje, unir planos que definan el contexto de ésta sociedad del caos, y paralelamente, mostrar la tranquilidad. En la búsqueda, está inmersa mi propia indagación sobre el tema. De alguna manera estoy volviendo, porque necesito respirar de nuevo el aire puro, sentir esa misma energía que sienten todos los que van para allá. Que, dentro de los testimonios y observaciones de la gente de allá, se encuentre también la presencia de mi padre y la mía, se dé cuenta de nuestro propio estado de ánimo al volver, nuestras sensaciones al reencontrarnos con la paz.
4. Luego de haber estado allí, de haber visitado a la gente y compartido con ella, debemos volver a la “otra realidad”. Debemos despedirnos de todo, de la tierra, de las aguas, de la energía, de El Paují como entidad. Hay que retornar al caos, a nuestra realidad actual. ¿Qué es lo que queda? ¿Nostalgia? ¿Felicidad o tristeza? ¿Ganas de permanecer allí por siempre? Esta parte del documental, hablará de nuestro retorno, del aprendizaje que obtuvimos, de lo que pensamos ahora nosotros (mi papá y yo) de ese “llamado de la selva”, de ese algo; por medio de una conversación y de planos que expresen emociones. En esta parte, me imagino un plano de la misma montañita, dejando atrás todo, allá quedó. Y, también, me imagino un plano de la llegada a la gran Caracas: el tráfico, el ruido, la muchedumbre.
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