Por el sinsentido de la realidad de hoy. Por el eterno delirio de un espíritu mágico. Por la permanencia de lo etéreo.

martes, 19 de julio de 2011

La Sinopsis #2

La película muestra el comienzo y el desarrollo de un viaje que emprenden padre e hija al pequeño pueblo en el que vivieron muchos años, que, desde que se mudaron a la ciudad no visitan. El Paují es un pueblito de La Gran Sabana, al que para llegar son necesarios unos dos días de viaje por carretera, que está ubicado en medio de la selva amazónica, allá donde nuestros árboles se funden con los de Brasil.
Rudy y Amanda siempre han vivido juntos, pero de alguna manera se encuentran alejados, les falta tiempo para estar solos, para hablar; y en esta huida se volverán a conocer, aprenderán el uno del otro partiendo de nuevo por el camino que años atrás muchas veces hicieron. Buscan evadirse del trajín del lugar en que viven actualmente y comienzan el recorrido, anhelando volver a escuchar aquel silencio. Con las mochilas al hombro emprenden una marcha pesada, buscando atenuar la turbulencia de una ciudad que se vuelve cada vez más irreal. Parten, para conseguir a los viejos amigos y caminar por los lugares que recuerdan; pero ante todo buscan reencontrarse con lo natural que formó parte de ellos por mucho tiempo, que aman y extrañan.
A medida que pasan los días, conocemos con los personajes los sitios que les fueron tan familiares en un momento, pero que ahora perciben con una nueva mirada, como tratando de grabar todo en sus memorias para disfrutar siempre de la energía de allá. Los vemos identificados con el entorno, vemos sus días aislados y tranquilos y sus conversaciones sobre lo que recuerdan, sobre sus vidas, su nostalgia y sus cambios. Los personajes están tras una búsqueda del sentido propio; a través de ellos, comenzamos a conocer a la gente del sitio, sus realidades y rutinas tan distintas. Al mismo tiempo, los personajes empiezan a conocerse más a ellos mismos, valorando la relación que tienen, mientras sienten y viven lo que se convertirá en una experiencia unificadora. Las situaciones son muy espontáneas, se les ve en su cotidianidad y se demuestra la unión que mantienen con el lugar; conocemos sus personalidades, y poco a poco, la estancia allá les revelará temas aun desconocidos para ellos.
Después de un tiempo de compartir con la gente, con su pueblo y con ellos mismos, padre e hija deben volver a la ciudad, realidad a la que pertenecen por ahora. Llenos de nostalgia, los momentos que pasaron parecen ahora cada vez más irreales. De regreso a la normalidad, se alejan y un velo de espesa niebla parece aislar la magia de ese particular rincón, como si lo vivido solo se pueda explicar sintiendo el sol y respirando el aire de allá. Las ruedas los llevan lejos con un nuevo aprendizaje, un aprendizaje que recibieron de la selva, una serenidad que les prepara para afrontar de nuevo el caos. Los vemos cargados de energía y paz, pero sentimentales porque el tiempo allá quizás fue muy corto para entender y aprovechar todo.
Rudy y Amanda nos muestran con su viaje de regreso su relación como familia, y sus lazos con este mágico lugar que nos atrapa; igualmente nos sentimos tan identificados como ellos al descubrir el amor que mantienen aun a lo natural, y el aislamiento extremo entre nosotros mismos que nos ha causado la sociedad industrializada.

Cada vez más cerca.


Regreso porque nunca me fui. Siempre pienso y recuerdo la vida de allá, la gente, las casas, los ríos. Sueño bastante con El Paují desde que me vine a Mérida. Mi alma siente allá. La ida a El Paují es mi motivación para hacer el documental, es volver a estar allá. Simplemente a estar. Dejamos a mi mamá en Mérida y mi papá y yo nos vamos. Para mí, la partida al pueblo es el abandono completo de mi realidad actual, para llenar el vacío que deja la nostalgia, que me hacía falta desde antes. Mi conflicto es conmigo misma, ¿por qué no puedo olvidar ese sitio? ¿Por qué siento que forma parte de mi vida? Mi conflicto es la nostalgia. (¿O no lo es?) Puede ser que me sienta incompleta si estoy largo rato sin ir. Mi papá dice que no tiene conflicto alguno, que el me está acompañando y ya. Pero yo creo le da un poco de miedo volver. Todavía no sé por qué. En realidad no sé muy bien si es miedo, pero hay un cierto recelo cuando le pregunto cosas, me dice que deje de pensar ya en ese viaje. También soy un poco obsesionada, lo admito. Pero es que me asusta un poco todo. De todos modos, no pienso explicarle mucho. Basta con que yo esté clara en la línea de la película (dentro de lo claro que se puede estar).
Lo que sé es que, cualquiera que sean las circunstancias yo pienso que es mi Paují el que saldrá en la película. Es el Paují que recuerdo, que añoro, el Paují que me hace falta y que necesito contar. El Paují que no me separa de mi padre, ya que toda la vida he estado con él, allá y aquí.
Desde el momento que me monte en el autobús, la realidad estará ante mi cámara, ante mis ojos, el momento y el lugar precisos sin alteraciones. Mi objetivo es alcanzar a El Paují y hacerlo ver como un lugar mágico, más que explicar un lugar geográfico, el documental se convertirá un mensaje que llama a la libertad y a la naturaleza y que habla de las relaciones entre nosotros mismos y con el entorno.
¿Qué voy a mostrar en el desarrollo del documental? ¿Cuál será el conflicto que se verá implícito en el discurso y del que se agarrará la narrativa? La nostalgia que calmo con el regreso, el conocer al pueblo que me crió y en el que vivió mi papá por más de 20 años y que abandonamos para que yo pudiera estudiar. El cambio. La necesidad de cambio, la necesidad de relacionarse con una sociedad que nos absorbe. El olvido, la enajenación. El conflicto es la nostalgia de un lugar mágico que formó parte alguna vez de mi vida, pero que ya conforma otro plano, una realidad alejada, que se pierde en la distancia. Mi conflicto es demostrar que hemos perdido conexión con todo. El documental va de mostrar esos escenarios, de mostrar nuestras sensaciones al entrar en el entorno. Es difícil abrirnos tanto. Para mí al menos, lo es. Porque es demostrar lo que fue y sigue siendo nuestra vida; y quiero tanto a mi pueblo, que no me interesa mucho que todos lo conozcan. Pero ya me metí en esto, y si de algo va la película es de abrirme al máximo, hasta que pueda, mejor dicho hasta que no pueda más. Me cuesta, pero tiene que ser así. ¡Que conflicto!

jueves, 30 de junio de 2011

Des-motivación


El hermoso paraíso que está en mis recuerdos de niña, ya no existe allí. Las cosas cambian, lo único constante es el cambio y me da miedo pensar en idealizar a El Paují como si allá no hubiera ningún tipo de problemas, y sé que si los hay. Estoy un poco preocupada que mi imagen que tengo del pueblo no la halle en lo que llegue, que empiece a ver las cosas distintas a cuando era niña, porque distintas son. Ahí es cuando la sinopsis y el guión y tanto pensamiento se volatilizan; porque aquí en la ciudad es verdad, hay una cruda realidad, pero allá ¿qué? Los problemas están en todas partes y no todo es perfecto, ni siquiera en El Paují. NO PUEDO TENER ABSOLUTA CERTEZA DE LO QUE VA A PASAR. Quizás mi documental termina siendo “la problemática de los niños pobres y sin alimento del pueblo” o “la deforestación por parte de los indígenas en El Paují”. Sí, se ve la luna, y aquí uno ni sabe si está en menguante, en creciente o llena. Hay paisajes magníficos, ríos y animalitos. Pero tampoco es que todo es bello, bonito ni barato.
¿Qué hago? ¿Cambio por completo la idea que tengo? ¿O simplemente espero a ver que pasa? Estuve hablando con mi papá y me dijo que la sinopsis y el guión que entregue no van a tener NADA que ver con el trabajo final que grabe allá. Me explicó (o más bien, recordó) que no debería ver a El Paují tan perfecto, ya que la perfección no existe. Que debo más bien jugar con las dos realidades: la que está en mi memoria y la que está allá-ahora. Y bueno, eso me desmotivó un poco por cierto y aquí ando en un dilema personal. Lo que tengo son recuerdos de mi infancia perfecta, pero sólo son recuerdos y quizás solo existen en mi mente.
Creo que solo me queda esperar el momento de estar allá, dentro de todo, El Paují significa mucho para mí y el volver seguro traerá sensaciones emocionantes.
Debo confesar que tengo miedo. Porque lo que quede grabado es, ya que no voy a volver a grabar. Porque por ahora voy sola. Porque no tengo control de nada.
¡Pero adelante! ¡Es mi reto! Tampoco quiero ser pesimista.

jueves, 23 de junio de 2011

La Sinopsis #1.


La película muestra el comienzo y el desarrollo de un viaje que emprenden padre e hija al pequeño pueblo en el que vivieron muchos años, que, desde que se mudaron a la ciudad no visitan. El Paují es un pueblito de La Gran Sabana, al que para llegar son necesarios unos dos días de viaje por carretera, que está ubicado en medio de la selva amazónica, allá donde nuestros árboles se funden con los de Brasil.
El documental empieza mostrando escenas de ese trayecto por carretera junto a las sensaciones de los personajes al volver después de varios años, al verse cada vez más cerca de ese lugar que aman y extrañan. El viaje es pesado, y, con las mochilas al hombro emprenden una marcha hacia lo que una vez pertenecieron, buscando atenuar la turbulencia de una ciudad cada vez más irreal. Parten, para conseguir a los viejos amigos y caminar por los lugares que recuerdan; pero ante todo siguen una visión de reencuentro con lo natural que formó parte de ellos por mucho tiempo. Es El Paují, visto con sus ojos y con sus almas, son ellos demostrando y descubriendo impresiones que afloran entre la soledad y la quietud del pueblo.
A medida que pasan los días, recorremos con los personajes los sitios que les fueron tan familiares en un momento, y que ahora perciben con una nueva mirada, como tratando de grabar todo en sus memorias para disfrutar siempre de la energía de allá. Los personajes están tras una búsqueda del sentido propio; a través de ellos, comenzamos a conocer a la gente del sitio, sus realidades y rutinas tan distintas. Al mismo tiempo, los personajes empiezan a conocerse más a ellos mismos, valorando la relación que tienen, mientras sienten y viven lo que se convertirá en una experiencia unificadora. Las situaciones son muy espontáneas, se les ve en su cotidiana conexión con el entorno y se demuestra la unión que mantienen con el lugar; se expresan sus personalidades, y poco a poco, la estancia allá les revelará temas aun desconocidos para ellos.  
Después de un tiempo de compartir con su gente, con su pueblo y con ellos mismos, padre e hija deben volver a la ciudad, realidad a la que pertenecen por ahora. Llenos de nostalgia, los momentos que pasaron parecen ahora cada vez más irreales. De regreso a la normalidad, se alejan y un velo de espesa niebla parece aislar la magia de ese particular rincón, como si lo vivido solo se pueda explicar sintiendo el sol y respirando el aire de allá. Las ruedas los llevan lejos con un nuevo aprendizaje, un aprendizaje que recibieron de la selva, una serenidad que les prepara para afrontar de nuevo el caos. Los vemos cargados de energía y paz, pero sentimentales porque el tiempo allá quizás fue muy corto para entender y aprovechar todo.
Rodolfo y Amanda nos muestran, con su viaje de regreso, su relación como familia y sus lazos con este mágico lugar que nos atrapa; del mismo modo nos sentimos tan identificados como ellos al descubrir el amor que mantienen aun a lo natural, y el aislamiento extremo entre nosotros mismos que nos ha causado la sociedad industrializada.


La Motivación.

Mi documental se basará en el viaje con mi papá hacia el pueblo donde nací, de regreso. Después de 4 años para él y 2 para mí, sentiremos la emoción de los caminos que hace tiempo no recorremos, en una búsqueda por el reencuentro con la tranquilidad, con la soledad y con el silencio. Volvemos a huir de esta realidad que conocemos, viajamos para descubrir nuevamente los modelos de esa otra realidad, una realidad limpia, cargada de sonrisas y libertad, la realidad casi desconocida de un pueblo aislado en la selva del Amazonas.
     El viaje es el medio por el cual daré a conocer cómo vive esa gente alejada, gente de la ciudad que se fue, entregada a la selva, a la naturaleza; y también gente indígena que nació, vive y morirá sin conocer más lugar que esa tierra. Yo a El Paují me siento muy unida, tengo un sentido de pertenencia, un gran apego cada vez que percibo esa energía mágica que emanan sus árboles, sus montañas. La cuestión es, descubrir por qué, al igual que yo, se sienten unidos a él sus habitantes. ¿Qué cosa en concreto estaban buscando cuando decidieron irse de la sociedad industrializada? ¿Por qué el retorno a la naturaleza? ¿Consiguieron allí lo que buscaban, consiguieron la paz?
Mi vida, mi experiencia, me une al sentido del documental, mis 15 años de vida allá, la mudanza a Mérida hace 4 años, el retorno después con una cámara al lugar, y la vuelta a esta realidad después de un tiempo de respiro en El Paují, o sea, el regreso al caos. El viaje, mi viaje, mi reencuentro con el pueblo y con la gente. Mi padre, su reencuentro, nuestra propia búsqueda de esa misma cosa que se reflejará en el documental, la búsqueda de la libertad en lo natural. De alguna manera estoy volviendo, porque necesito respirar de nuevo el aire puro, sentir eso mismo que sienten todos los que van para allá, reencontrarme con mi pueblo. Y reencontrarme con él de manera muy distinta a como lo he hecho anteriormente, reencontrarme con él sintiéndolo como una parte de mí, conocerlo, unirme a él y encontrar en su presencia razones que me den cuenta que realmente es allí donde nace todo lo importante para mí.
Quiero conocer los testimonios, anécdotas y observaciones de la vida de la gente de allá, sus labores diarias, sus distracciones, sus niños, darme cuenta lo diferente que es de la ciudad; con la presencia de mi padre y la mía, y nuestro contacto con la selva.
Pienso, hacer el contraste con el caos de la ciudad, esa desorganización extrema y esa enajenación del ser como humano. Hay diferencias totales en sus necesidades, entornos, modo de vida y pensamiento. Tal vez, usar la comparación de infierno y de paraíso con esas dos realidades).
Como dice Marc en su libro Watunna: “El hombre profano de la actualidad ha caído, se ha separado del mundo paradisíaco primordial, sagrado y poderoso, ha perdido el contacto con su antigua animalidad mágica, como consecuencia de una ruptura del equilibrio cósmico, produciendo un cierre total del universo visible, que hemos hecho nosotros mismos, invisible”.
     Mi documental es una búsqueda de la naturaleza, como condición que conforma a todo ser humano: el volver a sus orígenes. ¿Por qué esa necesidad de reencuentro con lo natural? ¿Por qué esas personas están allá? ¿Qué sienten al estarlo? La idea del documental es descubrir ese mundo recóndito y romántico a través de la experiencia de sus habitantes, transmitir esa magia que se encuentra en lo más simple, en lo más puro, y que muchos hemos olvidado por encontrarnos ya en otra época, con otro tipo de necesidades. ¿Es posible olvidarnos de dónde venimos? Son dos realidades disociadas, ajenas, que no se conocen la una a la otra, la realidad de El Paují y la realidad del caos; y precisamente, el documental hablará de descubrir a aquella otra y descubrirnos a nosotros.

viernes, 27 de mayo de 2011

Ajá...¿intento de escaleta?

Ordenando ando, aclarando algunas cosas. Esto es muy general, pienso basarme en la búsqueda mía y de mi padre de “el llamado de la selva”. Organicé algo así:   
  1. El viaje después de varios años (2 para mí y 4 para mi papá) de regreso al pueblo. El viaje desde Mérida dura 2 días completos. Nos iríamos primero a Caracas, y de allí a Santa Elena de Uairén (24 horas de viaje). Después, de Sta. Elena, se agarra un jeep a El Paují, 2 horas más. En esta parte, me gustaría mostrar cosas bien puntuales, que cuenten el por qué estamos viajando. Quizás conversaciones entre mi padre y yo, referentes a la vuelta, o al pueblo como tal; preguntarle cómo fue su primer viaje a El Paují, qué sintió al ver los primeros tepuyes. Alguna anécdota de ese mismo viaje que hicimos tantas veces. Alguna historia de mi niñez. Dar también a entender que es un viaje largo y cansón. Claro, que será breve, como para dar una introducción y de plano, que se entienda que estamos regresando a un lugar. 
2. La llegada al pueblo. Pienso en este momento, como algo breve también. Hay una montañita antes de llegar al pueblo. En su cima, uno ve todo el pueblo, y particularmente a mí, me produce una sensación de que allí estoy, en mi casa. Se puede abarcar todo con una mirada, como mi tierra. Quiero esta secuencia, para mostrar el término del camino: llegar al centro del pueblo, bajar los morrales, ver rápidamente el sitio, luego ver el lugar en que nos quedaremos (por ahora casa de una amiga de mi papá). Descanso, fin del viaje (o comienzo, mejor dicho) 
3. Ajá aquí viene la búsqueda. Con esto me pasa algo bien particular, ya que es el centro del documental y yo no lo tengo muy claro en imágenes. La búsqueda se basa en conocer, a través de algunos personajes, cómo es la vida allá. Ver la vida de los pemones, su faena diaria, sus niños jugando, bañándose en ríos, ver sus distracciones. Y también, ver la vida de los citadinos que se han mudado. Observar cómo viven, por qué viven allí, que sienten en ese sitio. Principalmente, qué buscaban al irse de la ciudad, qué les transmite estar en permanente contacto con la naturaleza y con el silencio. Escuchar testimonios del por qué se fueron, tal vez en un desayuno hablar con esta gente y que me cuenten una historia, una anécdota. En este documental quiero ver también con planos muy observadores, la tranquilidad, la belleza y la armonía del lugar, que el espectador sienta esa energía mística, pura, como del comienzo. Observar la libertad. Tal vez, usar la comparación de infierno y de paraíso con estas dos realidades (la industrializada y aquélla). En montaje, unir planos que definan el contexto de ésta sociedad del caos, y paralelamente, mostrar la tranquilidad. En la búsqueda, está inmersa mi propia indagación sobre el tema. De alguna manera estoy volviendo, porque necesito respirar de nuevo el aire puro, sentir esa misma energía que sienten todos los que van para allá. Que, dentro de los testimonios y observaciones de la gente de allá, se encuentre también la presencia de mi padre y la mía, se dé cuenta de nuestro propio estado de ánimo al volver, nuestras sensaciones al reencontrarnos con la paz.  
4. Luego de haber estado allí, de haber visitado a la gente y compartido con ella, debemos volver a la “otra realidad”. Debemos despedirnos de todo, de la tierra, de las aguas, de la energía, de El Paují como entidad. Hay que retornar al caos, a nuestra realidad actual. ¿Qué es lo que queda? ¿Nostalgia? ¿Felicidad o tristeza? ¿Ganas de permanecer allí por siempre? Esta parte del documental, hablará de nuestro retorno, del aprendizaje que obtuvimos, de lo que pensamos ahora nosotros (mi papá y yo) de ese “llamado de la selva”, de ese algo; por medio de una conversación y de planos que expresen emociones. En esta parte, me imagino un plano de la misma montañita, dejando atrás todo, allá quedó. Y, también, me imagino un plano de la llegada a la gran Caracas: el tráfico, el ruido, la muchedumbre.

Los viajes del viento

Esta es una película colombiana, que cuenta del viaje de un músico que debe regresar el acordeón que tocó por muchos años a su maestro, quien lo construyó y le enseñó a tocar. Al viaje se le une un muchacho joven que sueña con ser música y que quiere seguir sus pasos y juntos comienzan a recorrer estas regiones de Colombia. La fotografía de esta película es inspiradora.




Alamar

¡Qué bello este documental! Me inspiró muchísimo, por el lugar, la relación entre los personajes, y ese niño en las secuencias de la selva me recordó a mi niñez, descalzo, casi desnudo, bañándose con un potecito. Muy solo el paraje, hermoso. La fotografía es muy buena, todos los planos cuentan algo en la historia. Me encantó, aquí dejo el trailer como inspiración estética.


martes, 24 de mayo de 2011

El regreso

Definitivamente, creo que viajaré a El Paují en vacaciones. Entonces, me imaginé otras cosas. Hay  gente de ciudades, caraqueños, etc. que vive allá desde hace años, se fueron buscando la tranquilidad, la naturaleza, algo que decidí llamar "el llamado de la selva"; cosa que ocurrió con mis padres, quienes prefirieron el reencuentro con el silencio, la soledad, vivieron allá 19 años, y me tuvieron a mí. Ahora la gente siente un miedo terrible por la soledad, por ser ésta la única que te obliga a hablar contigo mismo. A conocerte.
Entonces, me gustaría explorar ¿qué cosa en concreto es lo que nos une a sus habitantes (y a mí) a ese lugar? ¿Esa energía mística que emana de sus selvas? ¿El lugar, su esencia, los árboles que cubren todo su territorio, y que antes cubrían toda la tierra? Poco a poco, se nos han ido olvidando nuestras raíces.
Es algo que siento, existe definitivamente una desconexión de nuestra parte, hacia lo que alguna vez pertenecimos.
Me gustaría con el documental ver la vida allá, el por qué se fueron esas personas y en busca de qué. ¿Qué cosa buscaban? ¿La encontraron? Ver toda esa vida libre que existe allá, ver niños bañándose en los ríos, felices. Ver la felicidad. Y, sugerir, tal vez, muy sutilmente, que es más bueno y más bello vivir entre ese silencio lleno de misterios, que el espectador se pregunte el por qué escogimos las ciudades, las grandes civilizaciones; si el campo está cargado de mucha más libertad.
Pensé, hacer el contraste con el caos de la ciudad, esa desorganización extrema y esa enajenación del ser como humano. Hay diferencias totales en sus necesidades, entornos, modo de vida y pensamiento. Hay competencia, vanidad, trabajo; cosas que según las creencias de los indígenas makiritares (libros de Marc) son sólo necesidades ficticias. Y, aunque en El Paují, todos los indígenas son bastante civilizados, y civilización es lo que buscan, quieren formar parte de las sociedades urbanas, (tengo a casi todos como amigos en Facebook, y quieren cobertura telefónica, entre otras cosas); hay mucha gente que nunca ha visto edificios, ido al cine, manipulado un celular, visto otro tipo de gente. No han salido de ese lugar, aislado de todo, al que apenas está empezando a rozar los “avances”, y la realidad que conocemos. Les son ajenas muchas cosas, así como también a nosotros nos son ajenas cosas de allá. Quiero documentar cómo vive esa gente, cómo conviven con la naturaleza y con la tranquilidad. Mostrar otro tipo de realidad, una realidad cada vez más olvidada, que formó parte de nosotros en un momento, pero que ya son unas pocas personas las que la conocen.
Entonces, además de las personas de las ciudades que partieron en busca del “llamado de la selva”, me gustaría conocer los pensamientos de los indígenas, qué piensan de su sociedad, y qué piensan de ésta sociedad que conocemos, a la que ellos son ajenos completamente. Se me ocurrió, por ejemplo, preguntarles a varios pemones de allá, ¿qué es para ellos el infierno? Y, en montaje, comparar planos de la ciudad, el caos, el tráfico, la basura. (Según la cultura makiritare, el infierno es lo que vivimos hoy en día). Conocer anécdotas de las personas, que sólo se ven en estos lugares.
Mi vida, mi experiencia, me une al sentido del documental, mis 15 años viviendo allá, la mudanza a Mérida hace 4 años, el retorno después con una cámara al lugar, y la vuelta a esta realidad, o sea, el regreso al caos. Claro, que estos son temas que me unen al documental, sin embargo no intento abarcar toda mi experiencia de niña, ni mi completa historia en el desarrollo del mismo.
El viaje, mi viaje, mi reencuentro con el pueblo. El viaje lo pienso hacer con mi padre, y es nuestra propia búsqueda de la misma cosa que pienso reflejar, la búsqueda de la libertad, del silencio, de la soledad y de la tranquilidad. ¿Por qué el monte? ¿Qué hay en él? Quiero transmitir ésta energía que muchos buscamos en algún momento de nuestras vidas, pero que se está perdiendo, volviéndose desconocida. ¿Es posible olvidar sin importancia de dónde venimos? Parece que sí. El origen ya fue, ya nadie se lo cuestiona, estamos en otra época. No se toma en cuenta.      
Se me vienen algunos personajes a la mente, tanto criollos como indígenas, e igualmente, imágenes que me ayudarían a contar la cosa.  Ver a los niños bañándose, jugando. Ver la vida diaria de los personajes; lavando ropa en el río, buscando agua, haciendo conuco, cosechando miel, preparando comida. Total, cosas que hacen ellos, diariamente, para destacar lo distinto que es de aquí. Tal vez un desayuno, una fiesta, podrían servirme para enterarme de información, con el fin de evitar las entrevistas un poco. Ver a los habitantes de El Paují, en sus labores, y preguntarles como ya he dicho, sobre “el llamado de la selva” el ¿por qué están ahí y que sienten al estarlo?

domingo, 15 de mayo de 2011

Sabana



...Y hablando de nostalgia

Encontré, en una caja de recuerdos, una carta que le escribí a El Paují en 2007, estando ya en Mérida. Ahí va.
"Ansias de reencuentro, te extraño, te deseo. Fuiste, eres y seguirás siendo lo que marcó mi vida por completo. De tí depende que sea hoy lo que soy. Demasiado tarde me dí cuenta de lo mucho que me haces falta, nostalgia que no sentí nunca cuando te tenía conmigo, porque sabía que de alguna u otra forma todos los caminos que tomara, me llevarían a tí. Ahora no estoy tan segura de eso. Veo pasar el tiempo sin tí a mi lado, y con tristeza recuerdo los infinitos momentos que vivimos. Aunque no lo sabía, era feliz. o lo más cerca posible estaba de la felicidad. Ahora siento que no aproveché con plenitud esos momentos, siento una infinita culpa. Ahora me doy cuenta de lo mucho que te necesito, Paují. Soy parte de tí, de tus árboles, de tus ríos, de tu aire. Te pertenezco, tuya soy. Te necesito, con tu sol en mi cara, con tus carreteras de granzón, necesito adentrarme en tus aguas, en tu selva. Eres mi casa y siempre lo serás. El único lugar que me acoge en su seno cuando llego, cuando vuelvo, hasta en mis pensamientos. Extraño las noches de luna llena, los cielos llenos de estrellas y algo más. Caminar descalza entre tus piedras, el sabor de la miel en mis labios, extraño los ladridos recibiéndome a la vuelta. Ahora mismo quiero besar tu tierra, oler tu aire impecable, bañarme desnuda en tus aguas, sentir que me llenas. Pero esperaré tranquila, con paciencia el día de nuestro reencuentro. Y ese será el día más feliz."

¿Cuál mito?

No es que en la Gran Sabana yo haya presenciado rituales espirituales de salvación mística y conexión con lo natural. En el pueblo donde yo nací, eran ellos ya un poco civilizados, se vestían con ropa y zapatos, escuchaban música, manejaban carros. E incluso, las máquinas para hacer minería y destruir más rápido los ríos tenían algunos. Es irónico ¿no? Que quizás yo más que ellos esté en una búsqueda y una esperanza de salvación del apego a lo natural que en los libros de Marc se habla, una búsqueda de una mitología inexistente, que hasta ellos están perdiendo por querer ser como nosotros, ellos quieren ser como nosotros, llegar a ser civilizados, olvidar sus raíces.
Puedo entonces decir que ya, que se acabó todo aquello, que no me importa ni a mi ni a nadie los árboles o los animales, que somos una sociedad avanzada que acaba con todo, que se preocupa por cosas tan vanidosas y terrenales. Que estamos cargados de ego.
Bueno, pero yo no sé. Es algo que me sigue preocupando y no quisiera dejarlo de lado, es una carga diaria, un sentido de culpa. Desde la burocracia hasta el reguetón que suena en casi todos los audífonos.
Cuando llegué a Mérida el cambio fue bastante drástico. Y yo decía que si, que bueno, que había cambiado para mejor, para estudiar. Pero yo no quería, lloraba por mi sabana, por mis ríos y mis pajaritos temprano en la mañana. Allá, recuerdo que me paraba tempranito como para no perderme ni un segundo del aire, del sol mágico, de la soledad. Aquí, me di cuenta que los intereses eran otros, que la vida era otra y que había que adaptarse a las calles llenas de basura y a la gente mala. Había que competir, saber mentir, llenarse la cabeza de cosas realmente innecesarias. No hay libertad, es mentira, como puede haber libertad con una sociedad que te encadena, que te forma desde que naces, que te amarra y te clasifica.
Es muy difícil que esto no suene como si quisiera salvar al mundo y a la raza humana. Y no es eso lo que pretendo, porque sé que perdería mi tiempo espectacularmente. Pero quizá si, demostrar ese pensamiento que ya no existe, a ver si por casualidad, alguno de nosotros se pregunta ¿cuál mito? Y que al responderse, se dé cuenta que ya no hay, se ha perdido para siempre, está presente sólo en las narraciones de esa gente mágica, autóctona, en sus tradiciones, pero que no nos importa.

jueves, 12 de mayo de 2011

Motivación

Yo nací en un pueblo indígena de la Gran Sabana. Viví allí quince años en una casita aislada en medio de la selva. El vecino más cercano vivía a 1 km, todo era muy solo, muy lejos y muy verde. la gente muy humilde, natural, pura. Eran pemones. Siempre he pensado que esas son las personas que están más cerca de la esencia de la vida, del origen. Personas a las que todavía les son ajenas muchas cosas de esta sociedad que conocemos. Tienen un pensamiento conservador, libre y claro como los cristalinos ríos que invaden su tierra, que todavía no se deja tocar por los avances de nuestra civilización.
Es triste que a los indígenas de nuestro país se les conozca tan poco, aun cuando sean una parte importante de nuestro pasado e historia.
Investigar, analizar y compartir las costumbres de algunas etnias indígenas de Venezuela fue uno de los trabajos de Marc de Civrieux, un antropólogo francés que vivió sus últimos años en Mérida. Escribió libros sobre sus mitologías y creencias, cargadas de un misticismo y una magia que se han perdido con el tiempo, y más aun con las necesidades falsas e inducidas que nos propone el mundo actual.
Ya que muy pocas personas conocen la obra que realizó Marc en vida, me parece justo tomarla en cuenta para la realización de un documental, demostrando la poca unión que conservamos con esa naturaleza que en sus libros se refiere, y el olvido cada vez más profundo de nuestras raíces.
Con una canción y un baile se conectaban los makiritares con su Dios de la bondad, dueño de sólo las cosas positivas, en cuyo seno no existen guerras, competencias, enfermedades ni muerte. Este mundo que conocemos es el mundo del engaño (así lo llaman), y todo lo que hay en él, incluso la muerte son falsedades ilusorias.
El hombre profano de la actualidad ha caído, se ha separado del mundo paradisíaco primordial, sagrado y poderoso, ha perdido el contacto con su antigua animalidad mágica, como consecuencia de una ruptura del equilibrio cósmico, produciendo un cierre total del universo visible, que hemos hecho nosotros mismos, invisible.

sábado, 7 de mayo de 2011

Watunna

Watunna es la canción del origen, el conjunto de normas éticas y rituales que conforma la tradición oral de los Yekuana. Es también compendio de pautas religiosas y sociales. Autodenominados So'to y llamados Makiritare por los conquistadores, viven en la banda derecha del Alto río Orinoco, una región de montañas y selvas vírgenes. En su tradición el mundo es destruído y recreado como consecuencia de la eterna lucha cósmica entre Wanadi y Odosha, el Bien y el Mal. El infierno indígena es nuestro propio mundo, esta tierra en que vivimos en estrecho contacto con Odosha.  El mito hace alusión a una época primordial, feliz, paradisíaca, donde los So'to fueron creados en una tierra que no se diferenciaba del Cielo: Kahuña. Quien comunica la Ley a los hombres es el anciano mas sabio de la Casa, el Dueño de los Cantos, llamado Watunnei, es decir experto en la tradición. Generalmente es el Kahitana o jefe de la comunidad local. El Watunna es, en esencia, una enseñanza secreta.

viernes, 6 de mayo de 2011

La creación (tradición Makiritare de Venezuela)

«El hombre y la mujer soñaban que Dios estaba soñando con ellos. Dios estaba soñando con ellos mientras cantaba y tocaba maracas, escondido tras el humo del tabaco y sintiéndose feliz, pero al mismo tiempo sintiendo algunas dudas. Los maquiritare sabían que cuando Dios sueña con comida, produce y da comida. Si Dios sueña con la vida, produce fertilidad. El hombre y la mujer soñaban que en el sueño de Dios un huevo enorme y brillante aparecía. Dentro del huevo danzaban, cantaban y festejaban porque deseaban nacer prontamente. Soñaban que en el sueño de Dios la felicidad era más fuerte que las dudas que Dios podría sentir y mientras soñaba, los creaba y cantando decía:
"Al romper este huevo nacerá un hombre y nacerá una mujer. Y juntos vivirán y morirán. Pero nuevamente nacerán y nuevamente volverán a nacer y nuevamente lo harán. Y nunca dejaran de nacer, porque la muerte no existe".
"Y juntos vivirán y morirán. Pero nuevamente nacerán y nuevamente volverán a nacer y nuevamente lo harán".»
Watunna. Mitología makiritare. Marc de Civrieux.